abril 07, 2008

“La política es un telón de fondo”


PÁGINA 12 - Jueves, 20 de Marzo de 2008

musica / miguel cantilo, las canciones de consciencia y sus convicciones

Para el músico, presente en la escena rock argentina desde sus comienzos, las causas sociales y el arte siempre pueden darse la mano. Y no deja de soñar con la unidad latinoamericana, en un momento que caracteriza como favorable para borrar fronteras.

Por Cristian Vitale


No es la primera vez, en su dilatada carrera, que Miguel Cantilo usa la palabra consciencia con un fin artístico. Ya en una canción de Corazón Sudamericano, último disco “en serio” de Pedro y Pablo, el viejo batallador la aplicaba para describir un estado de cosas positivo: “Hay amor, hay dolor y hay consciencia, ganas de tener fe y paciencia”, cantaba en “Ciudad Mujer”, a dos años del retorno a la democracia. Hoy, 23 años y siete discos después, la retoma con un fin más preciso, englobador y consciente... la extracta de un libro de Miguel Grinberg (Somos la gente que estábamos esperando), donde el poeta beat argento la desmarca de su palabra fonéticamente hermana. “No debe confundirse conciencia, facultad ética de distinguir el bien del mal, con consciencia, estado de vigilia que permite una clara percepción de todos los actos”. “Para mí –se extiende Cantilo– la consciencia es la única salida que le queda al hombre, el único rincón donde éste puede refugiarse, encontrarse con sí mismo y protegerse de este ataque permanente de la publicidad y los medios masivos. Es tremendamente importante saber que uno tiene ese resquicio... como digo en la letra, es más amplia que las redes de Internet.”
Dato clavado. El peso de la palabra alcanzó y sobró para que el autor de “Apremios ilegales” titulara su octavo disco solista, cuya combinatoria de intereses no es ajena a su cosmovisión global: ecología, corrupción, ambición, política, amor. Un trabajo, además, con doce canciones de estreno que incorpora y mezcla viejos amigos de ruta (Kubero Díaz, Alejandro Medina, Juan Rodríguez, Juan Falú) con la participación –como banda estable– de Sufián y Anael, sus gemelos, y Daniel Buira, más una tapa a lo Roger Dean, dibujada por Kuberito. “Me parece interesante poner el acento en una palabra imprescindible para el hombre de hoy, cuyo pensamiento está acotado, amenazado desde diferentes puntos y circulando por estrechos pasillos en los que no tiene muchas oportunidades de liberarse... además, fue una manera de aliarme con un pensamiento con el que me siento muy afín: el de Grinberg”, insiste Miguel, pegado a la ventana de un bar de Palermo.
–Es palpable lo del pensamiento acotado, pero hay ciertos sectores de la sociedad que confluyen en una intención: la búsqueda de una espiritualidad superadora, alejada de los credos y dogmas históricos.

–Hay una necesidad tremenda..., como diría Bruce Springsteen, “al final del día, la gente busca algo en qué creer”. El hombre común está buscando una espiritualidad no convencional, desde lo devocional, lo místico o desde un punto de vista menos materialista. Desde frenar la destrucción del ecosistema hasta la necesidad de abandonar las drogas, incluso las farmacológicas que nos invaden desde los países centrales. El primer camino que surge es el del autoexamen: mirarse dentro y ver qué aparece. Qué se quiere, hacia dónde se va, por qué se siente mal..., cosas primarias, que la sociedad de consumo tiende a disimular. A poner en el medio velos, pantallas que te hagan creer que llenando tu casa de objetos vas a poder liberarte de esas preguntas.

–Corazón Sudamericano, Sudamérica va y ahora “Sudamérica viene”... ¿por qué la recurrencia de nombrar al continente en sus discos o canciones?

–Todo indica que estamos viviendo un tiempo sudamericano, coordinando no desde lo meramente político sino desde lo cultural. Somos países muy parecidos, que comparten las mismas pasiones, los mismos gustos y que sólo están divididos por una cuestión geográfica. Esencialmente, un colombiano es muy parecido a un uruguayo, un argentino y aun a un brasilero, pese a las diferencias idiomáticas. Siento que hay una correlación cultural que es mucho más que la que se ve en los medios..., a mí me pasa con la canción: un tipo como Silvio Rodríguez habla un idioma mucho más mío que todos los rockeros ingleses o norteamericanos, más allá de que me guste el rock.

–Al menos de un tiempo a esta parte, la apelación a esta identidad cultural forma parte de sus inquietudes centrales...

–Realmente pienso que Sudamérica puede sobrevivir a este caos planetario. No sólo sobrevivir, sino transformarse en una zona valiosa del universo. Está bueno sentir que se puede intercambiar mano de obra, música..., crear un circuito semejante al de algunos puntos de Europa, bajo el paraguas de un sistema tolerante.
–¿Lo ve como una relación horizontal entre pueblos o digitada por las autoridades políticas?
–Veo que los funcionarios se están sumando a algo que viene empujando desde antes, un mandato histórico que viene de los intentos de Bolívar o San Martín..., todos esos sueños inaplicables en su momento, que con el paso del tiempo van decantando y demostrando que la única manera de que esta zona alcance prosperidad es coordinando pueblos que tienen una raíz muy similar. Las autoridades se van subiendo. Uno puede estar de acuerdo o no con las opiniones individuales, pero hay algo que va mucho más allá del ego de los gobernantes. Hay un mandato que lucha para evitar, de una vez y para siempre, que el continente sea humillado, explotado y postergado.
–En otras de las canciones, la política resulta ser mujer..., una ironía graciosa.

–Sinceramente, pienso que muchos hombres, a una determinada altura de su vida y luego de haber tenido éxito en los negocios o en sus profesiones, encuentran que hay un desafío que les falta: seducir a la política. Y la política es una mujer, a la que esos hombres se quieren tirar. Entonces, esto es lo que ha producido un desbarajuste en la dirigencia argentina, que se ha subido al caballo por una cuestión de ego y ha llegado a puestos clave con un resultado nefasto.
–¿Se refiere al común de los políticos o a casos puntuales como Macri o De Narváez, que darían con ese perfil?

–A casi todos en general, pero el caso paradigmático es Menem. Me refiero a la actitud con la que se llega al poder..., el asunto no es cómo empezás sino cómo terminás. Qué hacés cuando llegás.
–Igual, hubo un cambio importante en la forma de hacer política. En cierto tiempo se llegaba por militancia, hoy, en cambio, todo se resuelve con mucho dinero, una linda foto publicitaria y un ejército de asesores. De ahí, el ejemplo de Macri.
–Bueno... está el que aporta dinero, y está el que nunca lo tuvo y lo consiguió a través de la política. Igual, el fondo es otro: yo he escuchado a Menem decir que le había tocado regir los destinos de la República. Pero carajo, nunca Menem rigió mi destino..., ningún político rige el destino de nadie. Ellos creen que por administrar el erario están administrando nuestras vidas.
–¿Qué es la política?
–Algo no tan terrible como quieren pintarlo, ni tampoco tan maravilloso. Es más, la canción no representa un ataque a la política en sí. Digo, mantenerse informado sobre lo que ocurre en el país no debe gravitar sobre la esencia de las personas, el amor, la relación de pareja o las verdaderas apetencias. La política es un telón de fondo que existe, pero que no tiene una importancia enorme. Vos tenés una vida que vale mucho más que una discusión entre el ministro de Economía y el Presidente. Eso es un circo que va a estar siempre, pero que se puede ignorar tranquilamente. En vacaciones, cuando te desinformás un mes, sentís un alivio enorme.
–“El acaparador” la escribió en la hostería de Quique Pesoa, en San Marcos. La temática es otra preocupación central en su obra: la ecología.
–La letra me vino de charlas con ecologistas y ambientalistas... cada uno me daba su opinión sobre lo que venía pasando con esta connivencia entre gobiernos y empresas, que está devastando al planeta. La relación entre gente a la que lo único que le importa es hacer dinero y los gobernantes, que no tienen responsabilidad sobre las leyes que reglamentan la protección del medio ambiente, provoca una enorme falta de visión de futuro. Mientras haya industrias que contaminen el Riachuelo, no se va a poder limpiar el Riachuelo..., cae de maduro. El país está lleno de proyectos contaminantes.
–“Han venido gringos a nombrarla patrimonio de la humanidad / por qué ceder al interés”: “Sol de Tilcara” enfoca la distorsión que están provocando los negocios turísticos en Jujuy.
–Me quedé pegado a una situación que me llamó a componerla: el desalojo de los pueblos originarios a causa del empresario que arma proyectos turísticos. Es gente que está ahí, cuidando el lugar por años, y cuando viene la vorágine turística, la expulsa. Ese choque entre el progreso turístico y los pueblos originarios debería ser una cuestión a considerar. La Quebrada de Humahuaca fue considerada patrimonio cultural de la humanidad y el efecto fue que el precio de la tierra comenzó a subir desmedidamente. Ese boom contrasta con un lugar tan hermoso como ése. Es un caso testigo que se repite en muchos lugares: El Bolsón, por ejemplo.
–Donde hace poco abrieron un casino y la gente puso el grito en el cielo...

–Está bien, pero la verdadera belleza de esos lugares no está en el pueblo sino en la parte rural... y es muy complicado ir contra esa belleza. Para romper la armonía de lugares como El Bolsón o Tilcara tenés que entrar a dinamitar montañas. Ojo, igual no es imposible que ocurra: con contaminar las napas ya podés modificar el modo de vida en una comunidad.
–Pero se contrapone la resistencia de los campesinos, los maestros...

–Los docentes son los creadores de conciencia más valiosos que tenemos para frenar los avances de los proyectos destructivos. El docente siempre está ahí, creando conciencia en el alumnado, en la población... en Famatina o Chilecito, por ejemplo, denunciado una mina altamente contaminante. Ellos tienen el coraje, el conocimiento y la llegada a la gente. Y además, no pretenden sacar rédito: son anónimos que quieren ayudar. La lucha, hoy, es evitar que se consoliden ciertos negocios que vienen de la época de Menem.
–¿Pedro y Pablo ya fue? Hace mucho que no tocan juntos.

–Particularmente, hoy no tengo expectativas de juntarme, pero Jorge (Durietz) es un amigo y por lo tanto no descarto que en algún momento volvamos a cantar juntos. Hoy no, porque estoy abocado a otros proyectos. Tal vez sería una idea feliz hacerlo cuando se cumplan 40 años de la fundación del dúo. Es para ir pensándolo...